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Sáb, Oct

Como enseñar a obispos a ser obispos.

Comunión Anglicana
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El Colegio para Obispos enfrenta un momento de cambio e interrogantes ¿Cómo uno aprende a ser obispo? Durante la mayor parte de la vida de la Iglesia Episcopal, los nuevos obispos aprendían a desempeñar su trabajo con poca o ninguna ayuda externa.

Sólo en los últimos 24 años la Iglesia ha tenido un proceso formal para tal aprendizaje. Ese proceso, dirigido por el Colegio para Obispos, está a punto de someterse a una importante transición.

El obispo F. Clayton Matthews, que dirige el colegio en su papel de jefe de la Oficina de Desarrollo Pastoral del Obispo Primado, se jubilará el 30 de junio. Él ha desempeñado ese papel desde 1998.

En 2004, Matthews dirigió la formación del programa de tres años para nuevos obispos, conocido como Viviendo Nuestros Votos [Living Our Vows]. El colegio brinda también educación continua a todos los obispos. Viviendo Nuestros Votos se creó luego de un estudio de varios años sobre las necesidades de los obispos. El programa resultante está concebido para ayudar a los obispos a crecer espiritual y vocacionalmente y en “su capacidad de proporcionar el tipo de liderazgo que la Iglesia necesita para la misión de Jesús a la cual somos llamados”, dijo el obispo primado Michael Curry.

El Colegio para Obispos dejará la oficina de desarrollo pastoral junto con Matthews cuando este se jubile. Él le informará a Curry y dirigirá la misión de formación del Colegio por otros dos años como un cargo de jornada parcial.

El obispo Todd Ousley  de Michigan Oriental sucede a Matthews como jefe de la oficina de desarrollo pastoral el 5 de julio. Esa oficina continuará apoyando a la Cámara de Obispos y al Obispo Primado respecto al cuidado pastoral de los obispos, sus familias y los sistemas diocesanos; y mediando en los asuntos disciplinarios del Título IV [de los Cánones de la Iglesia].

El Colegio para Obispos ha sido parte de la Oficina de Desarrollo Pastoral hasta ahora. Sin embargo, su estatus dentro de la estructura de gobierno de la Iglesia Episcopal cambió en 2010. La Cámara de Obispos votó por unanimidad incorporarlo como una entidad separada sin fines de lucro. Matthews explicó que el Colegio pertenece ahora a la Cámara de Obispos y, según dijo, cuenta con una dotación de $6 millones.

Todos los cambios advienen mientras el Equipo de Trabajo sobre el Episcopado contempla la elección, nombramiento, papeles a desempeñar y responsabilidades de los obispos de la Iglesia. La Convención General solicitó el estudio en 2015. Y también comisionó al equipo de trabajo con proponer a la Convención de 2018 un nuevo proceso para el discernimiento, la nominación, la formación, la búsqueda, la elección y transición de obispos.

Algunos miembros del Equipo de Trabajo sobre el Episcopado cuestionan la propiedad del Colegio y el hecho de que informe directamente al Obispo Primado.

 

Viviendo Nuestros Votos —que a veces se le ha llamado en la Iglesia “la Escuela de Obispos Bebés”— consiste fundamentalmente de una reunión anual “en residencia”. Algunas de las clases que se ofrecen durante la semana están orientadas a si el participante es un obispo de primero, segundo o tercer año. Cubren toda una gama que va desde derecho canónico hasta el adiestramiento de liderazgo y las relaciones con la prensa. Los obispos intercambian información entre sí sobre incidentes que han ocurrido en sus diócesis, ofreciéndolos como una oportunidad de aprendizaje para todos.

Una sesión llamada “Sombreros y Bastones” enseña a los obispos a manejar sus mitras y báculos, y cuándo hacerlo. Hay una sesión sobre las liturgias del Libro de Oración Común en que sólo un obispo preside: la confirmación y las ordenaciones.

La formación de una comunidad es otro objetivo de Viviendo Nuestros Votos. A partir de una reunión de nuevos obispos y sus cónyuges cada enero, el Colegio relaciona a los nuevos obispos elegidos por esa misma época.  Algunas de las llamadas “clases” son grandes —la de 2017 tiene 12 asistentes— mientras otras son pequeñas, como la Clase de 2015 con sólo cuatro personas. Veinticinco obispos participaron en la sesión de 2017, que tuvo lugar del 12 al 16 de junio en el Centro de Retiro Roslyn, en Richmond, Virginia.

“Te das cuenta que no estás sola”, dijo la Rvdma.. Gretchen Rehberg, que se convirtió en la obispa de Spokane a mediados de marzo. El programa, contó ella, está empezando a enseñarle a quien acudir en busca de ayuda en el desempeño de lo que ella definió como “un empleo singular”.

Rafael Morales Maldonado, el obispo electo de Puerto Rico, dijo que su primera sesión  de Viviendo Nuestros Votos llega en un momento “providencial”. Él será ordenado obispo el 22 de julio.

La Clase de 2017 incluye también a obispos y obispos electos de [las diócesis de] Nueva York Central, Indianápolis, Indiana Norte, Pensilvania, Los Ángeles, Spokane y Carolina del Norte Occidental, así como al obispo de los ministerios federales de la Iglesia y tres provenientes de Toronto en la Iglesia Anglicana del Canadá. Esa diversidad es “un tesoro para mí”, dijo Morales.

“En muchos casos, sus experiencias [de los obispos] son semejantes, pero en diferentes contextos”, señaló.

Bruce Myers, obispo de Quebec, en la Clase de 2016, representa una tendencia creciente para el colegio: la acogida a obispos de otras partes de la Comunión Anglicana. Actualmente, hay cuatro obispos canadienses que participan. Y la sesión en [el Centro de Retiro] Roslyn fue la última para David Alvarado, obispo de El Salvador de la Provincia Anglicana de América Central.

Myers dijo que el colegio le está brindando “alguna formación deliberada acerca de en qué consiste llegar a ser un obispo y servir en el orden de los obispos”. Esa labor tiene lugar con los obispos canadienses que asisten al programa (no existe ese entrenamiento en Canadá), como con los obispos de la Iglesia episcopal.

“En un sentido, este es un lugar muy nivelador y [en él] encontramos el terreno común de nuestro ministerio episcopal”, afirmó.

Viviendo Nuestros Votos asocia a los nuevos obispos con un obispo “compañero mentor”. El de Myers es el obispo Steve Lane de Maine, cuya diócesis tiene una frontera común con Quebec.

Los obispos canadienses podrían, dijo él, aportar al colegio “una mirada de una Iglesia que es semejante en muchos sentidos, que comparte un territorio común y contextos comunes de muchas maneras, pero que acaso se enfrenta con esas realidades de modos ligeramente diferentes debido a nuestras circunstancias”, puntualizó.

Por ejemplo, el legado abusivo del sistema de escuelas internas obliga a la Iglesia de Myers a encontrar medios para “andar junto a los anglicanos indígenas y a los canadienses indígenas de fuera de la Iglesia de maneras significativas y adecuadas”. Ese trabajo podría ser un ejemplo para los obispos de la Iglesia Episcopal, señaló él.

El obispo de Massachusetts Alan Gates, que terminó Viviendo Nuestros Votos con la reciente sesión, dijo que el Colegio es valioso en dos sentidos. Primero es el contenido. “No hay ningún adiestramiento para obispos antes de una elección porque nuestra política y nuestra teología sugieren que no sabemos de antemano quién será llamado a ser obispo”, dijo él.

Segundo, agregó, “sería difícil sobreestimar la importancia” de la creación de redes de apoyo, e hizo notar que muchos obispos trabajan solos en sus diócesis sin obispos sufragáneos o auxiliares.

“Ha sido ampliamente tergiversada como una especie de actitud exclusiva que los obispos sientan la necesidad de pasar más tiempo juntos”, dijo él. “Pero, para mí, eso no es la fuerza impulsora. En verdad es un deseo de ese tipo de apoyo, de conocer y de ser conocidos por otros que se enfrentan a estos retos particulares”.

La colegiatura en la Cámara de Obispos es uno de los objetivos del Colegio. En una entrevista con Episcopal News Service (que puede verse aquí), Matthews dijo que la atmósfera de la Cámara cuando él comenzó su trabajo era “tóxica” y de “total desconfianza”. Eso partía fundamentalmente del amplio debate denominacional acerca de la plena inclusión de las personas LGBT en la vida de la Iglesia, afirmó.

“Tuvimos que crear una atmósfera en la que hubiera, dentro de la Cámara, más respeto para el contexto en el que los obispos trabajaban”, añadió.

El Obispo Primado dijo que el plan está funcionando. “Lo he visto en los 17 años en que he sido obispo”, dijo. “He presenciado un auténtico desarrollo y un auténtico crecimiento en nuestra capacidad de ser una comunidad de obispos y cónyuges que es genuina y verdadera”.

“He visto el impacto de eso en la cámara en lo que se refiere a nuestra acrecentada capacidad de transitar por terrenos complejos y a veces difíciles en la toma de decisiones como comunidad y, sin embargo, seguir manteniendo las relaciones que nos vinculan”, afirmó.

El colegio ayuda a los obispos a ser “más profundamente fieles y efectivos en el desempeño de sus deberes y en vivir nuestro ministerio episcopal”, dijo el Obispo Primado.

La labor y el ministerio de un obispo son diferentes a los de un sacerdote, puntualizó Curry, recordando que un obispo más viejo le había dicho que cuando se convirtió en obispo realmente había cambiado de carrera.

El colegio enfrenta un gran desafío en la formación de obispos que pueden ayudar a la Iglesia Episcopal a convertirse en una rama del Movimiento de Jesús, subrayó. La próxima interrogante es ¿cómo adiestrar a los obispos para que puedan proporcionar un liderazgo espiritual a la Iglesia de modo que puedan “dar testimonio de una manera de ser cristianos que realmente se asemeje en algo a Jesús de Nazaret”?

El Obispo Primado preside la junta directiva del colegio y nomina a sus miembros. De los 19 miembros actuales, 14 son obispos varones, cuatro son laicos y una es presbítera. La presbítera y una de las miembros laicos son esposas de obispos.

En los próximos dos años, dijo Matthews, él espera “no tener que dedicar todas mis energías a defender el derecho del colegio a existir”.

El Muy Rdo. Gary Hall, miembro del equipo de trabajo, dijo que él y otras personas no están preocupados por la existencia del colegio, sino por su gobierno. Si todas las órdenes de la Iglesia eligen obispos, entonces la junta de la entidad encargada de formar obispos debería representar mejor a todos esos órdenes.

Hall dijo que hacer al colegio una entidad separada preocupa a algunos miembros del equipo de trabajo porque el currículo y la logística de los programas se elaboraron cuando el colegio era parte de la Iglesia. Esa propiedad intelectual abandonó la Sociedad Misionera Nacional y Extranjera (el nombre con el cual la Iglesia está incorporada) cuando el colegio se incorporó como una entidad separada, explicó Hall.

Él no ve nada perverso en el empeño del colegio.

“Creo que el deseo de convertirlo [en una entidad sin fines de lucro] era un deseo de protegerlo económicamente, y nadie realmente pensó en las implicaciones que eso traería en lo que se refiere a problemas legales o asuntos de gobierno o de rendición de cuentas para toda la Iglesia”.

Sin embargo, el cambio destaca una actitud que Hall llamó “excepcionalismo episcopal”.

Esto ha sucedido en los mismos años en que la Iglesia ha llegado a un entendimiento del bautismo como “la comisión fundamental del ministerio”.

“La cultura del episcopado ha tomado exactamente la dirección contraria”, dijo Hall, que fue ordenado en 1977. Un proceso de formación insular contribuye a esa trayectoria, añadió.

El trabajo de un obispo se está haciendo más difícil, explicó Hall, y él cree que ellos necesitan “toda la educación profesional y el apoyo que puedan obtener. Ese no es el problema. El problema es que todos nosotros tenemos una participación en la educación y el bienestar de los obispos”.

 

El equipo de trabajo debe presentar sus propuestas a la Convención General a través de un informe en el “Libro Azul” en algún momento a principios del año próximo. Las sugerencias se debatirán durante la reunión que tendrá lugar en Austin, Texas, del 5 al 13 de julio de 2018.