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Sáb, Oct

Oficio para la Ascensión

Oficios
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Oficio para la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo


Sígase el orden de los Oficios Matutino o Vespertino, con las variaciones siguientes:

Omítase la lectura de los Mandamientos por la mañana, y del Resumen de los Mandamientos por la tarde.

¶ La EXHORTACIÓN, que precede a la Confesión de pecados, la misma del Oficio de Natividad.

¶ LAUDA propia:

    LEVANTAD, puertas, vuestras cabezas; y levantáos, puertas eternas. Aleluya.
    Y entrará el Rey de la gloria. Aleluya. Aleluya. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria.
    Gloria y honor al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

¶ Después del Salino 95 (o del Salmo 23, si es por la tardeléase uno o tos dos Salmos, 24, 110.

¶ La primera Lección para la mañana es Daniel, VII. 9 a 14. La segunda Lección para la mañana, y la Lección para la tarde, son: Lucas, XXIV. 44 a 53, y Hebreos, IV. 14 a v. 10; a elección del Ministro.

¶ SUPLICACIÓN propia:

    OREMOS al Redentor del mundo, nuestro Señor Jesucristo, y con toda suplicación le roguemos, que se digne propicio justificarnos por la gloria de su ascensión a los cielos.
    R. Concédenos esto, Dios eterno y omnipotente.

¶ BENDICIÓN propia:

    AUXÍLIENOS Cristo el Señor, que recibido en gloria está sentado a la diestra del Padre.
    R. Amén.
    V. Y no, permita que sórdidas pasiones envilezcan nuestro cuerpo, quien ha llevado el suyo glorificado a los cielos.
    R. Amén.
    V. Para que, los que hemos visto la gloria del que ascendió, no seamos condenados por su sentencia cuando descienda a juzgar.
    R. Amén.
    V. Por la misericordia, etc. — R. Amén.

¶ ANTÍFONA propia:

    EN el nombre de Jesús se doble toda rodilla, de ]os que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra.
    Y toda lengua confiese, que Jesucristo es el Señor, a la gloria de Dios Padre.
    Gloria y honor...
 

Office for the Ascension

handDespués del Sermón, dígase la ORACIÓN que sigue:

    DEMOS gracias al Señor.
    ¡Oh nuestro Dios y Padre! Cuán admirable es tu benevolencia y cuán grande el amor que has manifestado hacia los hombres, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino sólo por tu infinita misericordia.
    Te damos gracias, porque Jesucristo nuestro Señor subió a su Padre y a nuestro Padre, a su Dios y a nuestro Dios; y habiendo llevado cautiva la cautividad, dio dones a los hombres, para la obra del ministerio, para la perfección de los santos.
    Te bendecimos, porque como precursor entró en el cielo por nosotros, para prepararnos morada, a fin de que donde Él está podamos también nosotros estar con Él; y se halla sentado a la diestra del trono de tu majestad, estando a Él sujetos los ángeles, y las potestades y virtudes.
    Te loamos, porque tenemos un Gran Sacerdote tomado de entre los hombres, y constituido a favor de los hombres en lo que a Dios toca, para que ofrezca presentes y sacrificios por los pecados; que puede compadecerse de los ignorantes y extraviados, y que es el autor de eterna salud para todos los que le obedecen.
    Te alabamos, porque le ensalzaste a lo sumo, y le diste un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla, y toda lengua confiese que Él es el Señor, a la gloria de Dios Padre: y porque toda potestad es dada, en los cielos y en la tierra, al que es Rey de reyes y Señor de señores, y reinará para siempre, hasta que ponga sus enemigos por estrado de sus pies.
    Te glorificamos, porque el mismo Jesús que subió a los cielos, se manifestará con sus ángeles, para ser glorificado en sus santos; y congregará de los cuatro vientos a los elegidos, y entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. Haz, oh Dios, que según tu promesa, esperemos cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia; y concédenos que viviendo en esperanza de estas cosas, procuremos con diligencia ser hallados de Él sin mácula y sin reprensión, en paz. Y luego, ven, Señor Jesús, ven pronto.
    Ahora, Señor, dígnate aceptar estas alabanzas y acciones de gracias, como espiritual sacrificio que te ofrecemos por medio de Jesús; y perdónanos todos los defectos que en este servicio hayamos cometido por causa de nuestras muchas fragilidades.
    ¡Oh Señor, Roca nuestra y Redentor nuestro! Que las palabras de nuestra boca y las meditaciones de nuestro corazón sean gratas delante de ti: concédenos lo que te pedimos, y llénanos de esperanza, gozo y paz, por amor de Jesucristo, nuestro bendito Salvador, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. — R. Amén.

¶ La Lauda, Suplicación, Bendición y Antífona, servirán hasta Pentecostés.

 

 

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